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28 julio 2014

[Coolsville] 2. Brisa ardiente, parte II


Previamente…
Daphne es ahora periodista del Daily Times. Un muchacho, al parecer loco, les gritó palabras sin sentido a los chicos. Entre ellas, “llamas”, que luego fueron las protagonistas del incendio en la oficina de Laura Swang, quien asegura haber sentido correr una brisa fría antes del siniestro.


2. Brisa ardiente, parte II

Subieron a su apartamento en el 13° piso. Era el “C”. El ascensor se detuvo por un momento, pero reanudó su función de inmediato. Una vez dentro, los chicos se dispusieron a organizar una búsqueda de indicios y a plantear diversas hipótesis a partir de la escasa información con la que contaban.
- El director del diario. - propuso Vilma - Es posible que Laura le haya pedido un aumento y él se lo negó, lo que luego desató la ira en él y entonces… aunque ella debería haber sido la enfadada… - arrepintiéndose de su planteo - Olvidenlo. No dije nada.
- Un compañero. - hipotetizó Fred - Alguien más que trabaje en el Daily Times pudo haber sentido celos por su trabajo y tuvo la necesidad de… de…
- ¡De matarla! - completó Daphne la frase - ¿Quién podría estar tan demente como para querer asesinar a una persona así? Si fue tan linda con nosotros…
- Creo que sin más pistas, no llegaremos a nada.
- Correcto, Vilma, estás en lo cierto. Vamos, chicas, regresemos al edificio a ver si hallamos algo.


La policía se había retirado, junto con los bomberos. Los chicos decidieron consultar al director del periódico, el Sr. Times, para que les brinde la autorización necesaria para investigar en el sitio. El hombre accedió, y no lo sorprendió el instinto detectivesco de su nueva empleada, ya que por eso mismo la contrató. El Sr. Times sabía muy bien quién era Daphne y a qué se dedicaba, además del periodismo. Cuando se enteró que había atrapado, junto a sus amigos (aunque no veía al perro ni al chico flacucho de las fotos, no se atrevió a preguntar), más criminales que el FBI alrededor del mundo, no dudó en aceptarla. Una columna donde la chica narrara sus experiencias relacionadas con el crimen y lo paranormal encajaba muy bien con el perfil del periódico, dedicado fundamentalmente a los hechos policiales, las investigaciones, los fraudes, y todo lo que sea considerado fuera de la ley, dentro de los límites de Coolsville.
Revisaron cada rincón de la oficina quemada, pero nada había más que objetos destruidos y cenizas. Pero hasta en los escombros, Misterio a la orden puede hallar una pista.
- ¡Chicos, vengan a ver esto! - dijo Vilma, asombrada - Es el disco duro, ¡sobrevivió al fuego!
- ¿Y de qué crees que sirva, Vilma?
- No lo sé, Daphne, pero aquí dentro debe haber algo que oficie de indicio fundamental. Estoy segura.
Siendo el gabinete del ordenador de la Srta. Swang lo único que podría ayudarles, emprendieron el retorno al departamento con las manos vacías, ya que no se les tenía permitido tomar algo de la escena del crimen. Diseñaron una estrategia, y Daphne se encargó de ponerla en acción al día siguiente, en su primer día.
- Disculpe, - le dirigió las palabras al robusto hombre de tez morena y tupido bigote, encargado de vigilar la oficina del fuego - Mi jefe necesita hablar con usted, lo solicita en su despacho.
Cuando el guardia se marchó, Daphne ingresó y tomó el gabinete. Lo dejó a un lado, y desconectó el de la computadora de la oficina de junto, en la que nadie desempeñaba tareas laborales. Se produjo el trueque y, con rapidez, lo dejó en el ascensor, donde se encontraba el resto de la pandilla. Ellos lo cargaron en la cajuela del auto y aguardaron unos minutos hasta que Daphne cumpliera con su turno matutino. Para cuando el hombre fornido regresó, la chica que lo había engañado ya no estaba allí.


- Me temo que el proceso demorará un tiempo. - se lamentó Vilma al intentar acceder a la información del disco duro de Laura, habiéndolo conectado al monitor del suyo propio.
El teléfono móvil de Daphne emitió una pegadiza tonada. La estaban llamando. Al cortar:
- ¡Es Laura! ¡Nuevamente la brisa y el fuego!


Los bomberos acudieron pronto y lograron salvarla. La casa también se salvó de los graves daños. Solo Freddie y Daphne estaban allí. Vilma decidió quedarse a revisar la computadora.
- ¿Te encuentras bien? - le preguntó, tomándola por la cintura.
- Sí, Daph. - entre llantos - No entiendo, ¿qué hice para merecer esto? - encendió un cigarrillo.
- Justamente eso. - hizo su aparición Vilma, agitada por haber llegado corriendo, señalando al cigarrillo de Laura.
- ¡¡¿Quééé?!! - corearon Daphne, Fred y la fumadora.
- Así es. Laura estuvo realizando importantes investigaciones sobre las estafas que acontecen en el Casino Galaxia, ubicado a pocos kilómetros de aquí. Principalmente de parte de Smith, Smith Swang, su hermano mayor, quien se encarga de  recibir dinero de los jugadores de póquer a cambio de brindarles datos sobre las cartas de sus oponentes. El artículo estaba por salir a la luz, cuando apareció la luz de las llamas. La bris no era más que el viento que arrastraba al gas, el cual hacía combustión a la hora de encender un cigarrillo. Tu hermano, - señaló a Laura- de alguna manera supo que lo habías descubierto, y se ocupó de vigilarte y liberar el gas por las calefacciones de tu oficina y de tu casa. Estoy segura. Intento de homicidio, oficial. - le dijo a Delgado, a quien había llamado mientras arribaba al lugar - Ya puede arrestar a Smith Swang, quien practica otras actividades fuera de la ley también.
Laura no quiso decir una palabra sobre la investigación por temor a un nuevo intento de asesinato, pero ahora estaba decidida a ayudar en la búsqueda de su hermano, quien estaba muy cerca de la casa tratando de escapar, y lo arrestaron de inmediato.


- Chicos, - dijo Daphne, en un tono serio - ¿recuerdan al muchacho que habló de la pica, el diamante, las llamas…? ¡Se refería al póquer y a los incendios! Y lo dijo antes de que acontecieran los hechos… ¡¡Lo predijo!!
Los rostros de Fred y Vilma se tornaron extremadamente serios. Decidieron ir a la casa de la cual lo vieron salir para hablar con él al respecto.
Llamaron al timbre. Una señora, la que había estado recortando los plantines, abrió la puerta.
- ¿Qué se les ofrece?
- Deseamos hablar con el chico que vive junto a usted. - dijo Freddie - Ayer casi lo arrollo con mi coche y quería preguntarle cómo se encontraba.
- ¿Un chico?
- El muchacho de cabello negro, de tez trigueña… vestía una camisa anaranjada…
La mujer se puso pálida, tan blanca como la nieve y, con los ojos llenos de lágrimas, pronunció:
- Mi hijo… hablas de mi hijo…
- Sí, señora, quisiéramos ha…
- Mi hijo murió hace diez años.

27 julio 2014

[Coolsville] 1. Brisa ardiente, parte I


1. Brisa ardiente, parte I

Estaban Fred y Vilma en la nueva Máquina del misterio, aparcada junto al edificio del Daily Times, periódico local, aguardando la salida de Daphne por la gran puerta, diciendo “¡Tengo el empleo!”, pero no fue así.
Traje rosado, falda unos centímetros más arriba de las rodillas, voluminoso cabello pelirrojo y una pañoleta color verde que cubría su cuello, sin olvidar sus tacones morados que combinaban con el resto de su vestimenta. Sin dudas era ella, pero no se la veía con una sonrisa en el rostro.
- ¿Qué ocurrió, Daph? - preguntó Fred.
- ¿No te aceptaron? ¿Pero cómo es po…? - dijo Vilma, voviéndose furiosa.
- ¡Oigan! ¡Tranquilos! - por fín habló, mientras subía al asiento trasero del auto, la nueva “Máquina”.
- Me matas de la curiosidad.
- Freddie… lo que me dijeron es que… ¡¡sí conseguí el trabajo!! - cambió su expresión por completo, irradiando felicidad.
Los chicos gritaban de la alegría, y giraban desde los asientos delanteros para abrazarla y besarla, sacudirle el pelo y todo tipo de festejos.
- Tenemos a la mejor periodista de toda Coolsville en nuestro coche, ¿qué les parece? - comentó Vilma, quien vestía sus usuales sweater anaranjado, falda colorada, y medias y zapatos que combinasen.
- ¡Ay, Vilma! - se sonrojó la recientemente graduada de la carrera de periodismo en la universidad - Ni siquiera tuve mi primer día.
Los halagos y celebraciones continuaron mientras Freddie conducía lentamente hacia el departamento donde el trío residía. De pronto, un muchacho de la edad de ellos, salió corriendo desde la puerta abierta de su casa, donde se hallaba una señora dando recortes a sus plantines, y se paró al frente del vehículo. Fred debió frenar de inmediato. Hubo silencio.
- ¡Diamante! ¡Llamas! ¡Pica! ¡Corazón! ¡Trébol! ¡Muerte! - gritó el muchacho con nerviosismo, apoyando sus manos en la ventanilla, mirando al trío con los ojos bien abiertos y desorbitados, y se fue corriendo.
No entendieron de qué se trataba. ¿Que no estaba en su sano juicio? Eso era la opción más probable.
Retomando el camino hacia el apartamento, Daphne deseó observar el lugar en el cual trabajaría de ahora en adelante.
- ¡Fred, espera! ¡Fuego! - gritó alarmada, señalando el edificio - ¡Se está incendiando una de las oficinas!
- ¡Chispas!
- Veremos de qué se trata - dijo Fred, acomodándose su pañoleta color naranja y dando reversa al carro a una gran velocidad.
Los bomberos arribaron inmediatamente. Los chicos subieron por la parte trasera, zona sin vigilancia. Cuando llegaron a la oficina, llena de cenizas por los papeles y el ordenador derretido, se encontraron con el oficial Delgado, quien se encargaba de arrestar a los malechores enmascarados que la pandilla de Misterio a la orden atrapaba. Había entablado una buena relación con ellos.
- ¿Qué es lo que pasó, Jim? - preguntó Fred, en un tono de confianza y con preocupación.
- Al parecer, alguien quiso sabotear las investigaciones de Laura Swang y, de hecho, se salió con la suya.
- ¡Cielos! - exclamó en un grito Daphne - ¿Cómo está ella? Fue tan amable conmigo hace instantes…
- Físicamente, bien, pero no quiere hablar de momento. Incluso, ya debe encontrarse en su casa. Se la veía un tanto triste, más que preocupada o asustada.
Con un misterio entre manos, la pandilla se dirigió hacia donde la mujer, que ya había intercambiado información personal con la periodista pelirroja. Los hizo pasar a su casa, bonita y delicadamente decorada, les ofreció café, y habló. Tal vez sintió más confianza que con la policía.
- Yo estaba escribiendo un artículo…
- ¿Sobre qué? - interrumpió Vilma, curiosa.
- Eso no importa… Me hallaba escribiendo un artículo cuando sentí una brisa helada (y no se trató de un escalofrío, porque los papeles se movieron), y de pronto las llamas comenzaron a crecer. El lugar ardía y no sabía por qué. Por fortuna, logré escapar a tiempo, sin poder ver cómo inició el siniestro, y ya saben cómo continúa…
- Hmm… brisa helada…
- ¿Un fantasma, insinúas Vilma?
- Tal vez Fred, pero sabemos que no existe tal cosa.
- Es un hecho que alguien está detrás de todo esto, - acotó Daphne- alguien perverso, y vamos a averiguarlo.  

Continuará...

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